La geopolítica de la apropiación

Mientras la diplomacia de papel se disuelve en las oficinas de la ONU, la acción operativa en el Caribe confirma que la tensión de “acople-desacople” dejó de ser una proyección teórica para transformarse en un bloqueo a la región.
El Puntapié Inicial: Del Secuestro a la Apropiación
La secuencia es clara para quien sigue el pulso regional: el secuestro de Nicolás Maduro y el control de facto sobre el tráfico marítimo en el Caribe no son eventos aislados, sino el puntapié inicial de la “gerencia” de Marco Rubio. Al anular la operatividad del Derecho Internacional, Washington no solo elimina un estorbo legal, sino que desmantela el único escudo jurídico que garantiza la soberanía de las naciones. En este escenario, lo que vemos es la apropiación de las rutas logísticas que conectaban a la región con la asociación “win-win” de Eurasia, marcando el inicio de una fase donde la fuerza precede a la norma.
El Espejo de los Polos: De Groenlandia a Ushuaia
Esta geopolítica de la apropiación encuentra su espejo más perfecto en la obsesión de la administración Trump por los extremos del mapa. El intento de anexión de Groenlandia en el Norte se refleja, con simetría exacta, en la consolidación del Comando Sur en el Puerto de Ushuaia.
No hay casualidad, sino una estrategia de “cerrojo polar”: mientras en el Ártico EE.UU. intenta desesperadamente fijar una frontera ante el dominio fáctico de la asociación Rusia-China, en Tierra del Fuego busca establecer el control logístico sobre la Antártida. Es una pinza continental donde el binomio angloamericano garantiza que el Cono Sur permanezca acoplado a la seguridad de Washington. Groenlandia y Ushuaia son hoy los dos espejos de una misma ambición: convertir los reservorios estratégicos del futuro en zonas de exclusividad estadounidense.
La Confluencia como Necesidad Fáctica

El “monólogo del Norte” se impone allí donde la diplomacia queda relegada por la operación táctica y el control de flotas. Frente a este asedio que busca desmantelar la infraestructura soberana en ambos polos, la Confluencia del Sur Global con el bloque BRICS+ deja de ser una opción de política exterior para convertirse en una necesidad de supervivencia territorial. La soberanía en este 2026 se define en la capacidad de reconocer esta pinza —desde el Ártico hasta la Antártida— y perforarla mediante acuerdos que devuelvan la horizontalidad a un continente que el Pentágono pretende gestionar como su propiedad privada.
