Entre la prepotencia del Norte y la Confluencia soberana del Sur Global

Entre la prepotencia del Norte y la Confluencia soberana del Sur Global
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El 2026 amanece bajo una atmósfera de convivencia tensionada. Lo que desde esta Columna Internacional inauguramos hoy formalmente como un proceso de acople-desacople —un concepto que ha latido entre líneas en nuestras entregas anteriores— ha entrado en una fase de definiciones crudas. La administración de Donald Trump ha dejado en claro que es él quien toma las decisiones últimas, utilizando la estructura del Comando Sur de EE.UU. como herramienta de presión directa, mientras delega la gerencia de los asuntos regionales en figuras como Marco Rubio desde la Secretaría de Estado, en lo que respecta a América Latina.

En este tablero, el reciente secuestro de Nicolás Maduro se manifiesta como un acto de operación sorprendente, una acción que por su escala y ejecución en la actualidad pone de manifiesto un condicionamiento explícito a la autonomía de nuestra región. Este hecho, que contradice los marcos del Derecho Internacional, no es un evento aislado, sino la respuesta técnica de una administración que intenta quebrar la política de asociación mutua y acuerdos soberanos que China y el bloque BRICS+ proponen al Sur Global.

Desde la desmitificación del lenguaje, debemos entender que la retórica de Washington no busca la “estabilidad”, sino el control de los modos de acumulación para sus propias arcas nacionales. El binomio angloamericano (que preserva su influencia en el Atlántico Norte y sobre nuestras Islas Malvinas) encuentra en la actual gestión de Trump un ejecutor dispuesto a utilizar el chantaje y la amenaza —como se ha visto con México y Groenlandia— para frenar el avance de las relaciones horizontales en nuestro continente.

El estudio histórico nos enseña que la prepotencia imperial suele intensificarse ante su propio declive. Argentina, hoy arrastrada hacia una periferia belicista, corre el riesgo de ignorar que el mundo real se está reconfigurando. Mientras la administración Trump apuesta al condicionamiento y a la fuerza operativa, el Sur Global tiene ante sí la oportunidad de consolidar una confluencia basada en la horizontalidad y el beneficio mutuo.

Este 2026, la tarea pedagógica es más urgente que nunca: distinguir entre el ruido de la retórica imperial y la música de la verdadera independencia económica. La soberanía no se pide; se ejerce en cada swap, en cada puerto y en cada negativa a ser el patio trasero de una potencia.

La soberanía no se negocia con quienes operan por fuera de la ley internacional; se ejerce fortaleciendo los lazos de un mundo que ya no acepta ser el patio trasero de nadie, y que, a su vez, debe poner el esfuerzo para el encuentro de oportunidades que agudicen polos de economías pujantes dentro de la construcción del Mundo Multipolar y las actuales alianzas fácticas por fuera de él que coinciden con los puntos de consenso global hacia la Carta de las Naciones Unidas.

Por Favio Vidal, Columnista Internacional

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